En este vídeo vas a vencer tu adicción a
Scrolea sin sentido. Mi objetivo desde
ahora es que nunca jamás vuelvas a
consumir contenido vacío. Y créeme que
he estructurado el vídeo para que así
sea. Serán cinco capítulos, cinco
historias de profesores de universidades
de élite, ingenieros de Google y
escritores especialistas en el tema que
nos enseñarán a seguir el proceso paso a
paso que necesita tu cerebro para
desintoxicarse. Si te quedas los 25
minutos que dura, te valorarás
infinitamente más a ti, a tu tiempo y a
tu libertad. Yo soy Álvaro, soy
ingeniero industrial especializado en
organización. Empezamos.
2016, Georgetown University, un profesor
de ciencias de la computación, acababa
de escribir un libro que dejó en shock a
todo Silicon Valley. Su título, Deep
Work. Su afirmación, las redes sociales
están destruyendo nuestra capacidad de
pensar. Pero lo más provocador no era el
libro, era el autor. Porque ese profesor
jamás había tenido una cuenta de
Facebook, de Twitter o de Instagram. Ese
tipo era Cal Newport y estaba a punto de
mostrar algo que no dejaría a nadie
indiferente.
Desde pequeño Cal mostró algo poco
común. Observaba primero, actuaba
después. No era impulsivo, era metódico.
Se graduó en Hopwell Valley High School
en 2000 y entonces desarrolló una
filosofía que lo separaría para siempre
de su generación, solo adoptar
tecnología que sirviera un propósito
claro y valioso. En 2004 se graduó en
Ciencias de la computación. Lo logró sin
sacrificar su vida social. Como ese
mismo año, cuando Facebook se lanzó y
todos sus compañeros andaban
enganchados, Cal tomó una decisión. Ya
en aquel momento vio como todos
revisaban compulsivamente sus cuentas
entre clases y se hizo una pregunta que
casi nadie se hacía. ¿Qué valor me
aporta esto versus qué me cuesta de
atención? Hizo los cálculos y la
respuesta fue clara. El costo superaba
brutalmente el beneficio. Así que
decidió no participar nunca. Cal había
reconocido algo que la mayoría no se
daba cuenta ni pasados años enganchados.
Las redes sociales están diseñadas para
capturar tu atención y que una vez
dentro salir sea casi imposible. Siguió
su carrera, se doctoró en el MIT y
mientras el resto del mundo caía
progresivamente en lo que llamamos la
adicción digital, Cal construyó una vida
excepcional. Ocho libros publicados, más
de 2 millones de copias vendidas, su
matrimonio con Julie, tres hijos y una
sensación de control sobre su tiempo y
atención que hoy es casi imposible de
encontrar en cualquier persona. En 2016
publicó Deep Work, bestseller del New
York Times, pero la reacción más
reveladora vino de los propios lectores.
Dice que recibió cientos de emails
compensando en lo mismo. Sé que me está
destruyendo, pero no puedo parar. Y ahí
está el problema. No es falta de
información, es que aún no has podido
reconocerlo. Porque reconocer una
adicción cuando ya estás dentro requiere
enfrentar una verdad muy dura, que has
estado pagando un precio durante años
sin darte cuenta y eso duele. Es mucho
más fácil decir, no solamente es un rato
de descanso que admitir que llevo años
entrenando a mi cerebro para poder
concentrarme no más de 10 minutos. La
lección de Cal no es que todos debamos
borrar nuestras redes sociales. La
lección es bastante más trascendente que
eso. La mayoría de nosotros ya sabemos
que tenemos un problema, pero no lo
asumimos. Decimos, "Lo controlo."
Mientras revisamos el móvil 80 veces al
día. Decimos, "Solamente un rato
mientras perdemos 2 horas sin recordar
qué es lo que vimos." Decimos, "Puedo
dejarlo cuando quiera mientras llevamos
años sin intentarlo en serio." O lo que
es más triste, nunca nos hemos planteado
nada de lo que acabo de decir. Asumir tu
adicción significa mirar los hechos para
ser consciente. Y eso es lo que harás la
primera semana. ¿Cuántas horas has
perdido esta semana mirando contenido
vertical? ¿Cuántos reels recuerdas con
detalle? Seguramente ninguno. Escríbelo.
¿Cuántas veces intentaste concentrarte y
desbloqueaste el teléfono? Estás viendo
una película y te metiste en Instagram.
Es un problema. Anótalo. No tienes que
borrarlo todo hoy, pero sí necesitas dar
el primer paso que Newportó hace unos
cuantos años, un par de décadas.
reconocer lo que estás haciendo.
Solamente cuando asumes el problema de
verdad, sin excusas ni autoengaños,
puedes empezar a resolverlo. Pero muchas
veces no se es consciente de la gravedad
y hay algo por encima de todo. Y es que
tu salud también está en juego. Te lo
explico en el capítulo 2.
Era febrero de 2013. En la sede de
Google, un ingeniero de diseño envió una
presentación con el siguiente título:
Una llamada a minimizar la distracción.
y a respetar la atención de los
usuarios. Y contenía una afirmación que
incendió todo Google. Estamos diseñando
productos que destruyen la salud mental
de miles de millones de personas y
nosotros lo sabemos. El Tristan Harris
renunció a su sueldo y a su prometedora
carrera para dedicar su vida a luchar
contra la industria que lo había
formado. Puso algo por encima de todo,
la salud mental de la humanidad. ¿Qué
pensaba hacer desde ese momento? Tristan
Harris nació en 1983 en San Francisco.
Desde niño mostró una fascinación
peculiar por la magia. Aprendió trucos
de cartas, actuaba en fiestas de
cumpleaños y descubrí algo que lo
marcaría para siempre. La mente humana
es increíblemente vulnerable a la
manipulación. Quien controla la atención
controla la persona. Estudió ciencias de
la computación en Stanford. Mira como
Newport. Mientras hacía prácticas en
Apple, se inscribió en una clase del
mítico profesor BJ Fog, el laboratorio
de tecnología persuasiva, y aprendió
agua aterrador, cómo diseñar tecnología
que explote las vulnerabilidades
psicológicas humanas para cambiar su
comportamiento. Economía del
comportamiento, psicología social,
formación de hábitos, todo aplicado a
productos digitales. En 2007 cofundó,
una startup que compró Google 4 años
después. Tristan,
un salto enorme para un joven
programador. Pero nadie en Google
hablaba sobre la naturaleza adictiva del
email. Nadie cuestionaba si diseñar
notificaciones compulsivas era ético. El
objetivo era maximizar el engagement,
maximizar el tiempo y maximizar los
clics. Y ahí Tristan enfrentó un
conflicto interno. Seguir construyendo
ese tipo de productos o poner la salud
mental en el centro. y eligió lo
segundo. Creó una presentación
incendiaria de 141 diapositivas, la
envió a 15 compañeros y se volvió viral
internamente. Decenas de miles la
vieron, pero nada cambió. El modelo de
negocio necesitaba adictos, necesitaba
más dinero. Así que en 2015 se fue,
renunció a Gugen, dejó un salario
envidiable, prestigio, estabilidad y
cofundó Time Well Spent. Después, Center
of Human Technology. Su misión realinear
la tecnología con los mejores intereses
de la humanidad. Acuñó la frase human
downgrading, degradación humana para
describir un sistema interconectado de
daños. La adicción, distracción,
aislamiento, polarización, noticias
falsas, todo diseñado para debilitar la
capacidad humana. fue el prota de de The
Social Dinema, documental de Netflix que
alcanzó millones de personas en 190
países y ahí dijo algo que resume todo.
Nunca antes en la historia 50
diseñadores han tomado decisiones que
impactan a 2000 millones de personas.
Aquí tenemos un aprendizaje claro, es
que debemos poner nuestra salud mental
en el centro de todas las decisiones
sobre qué tecnologías utilizamos. Tu
cerebro es lo único que tienes. Tu
capacidad de atención, tu memoria, tu
habilidad de pensar con claridad, tu
salud mental. Si sacrificas eso por
entretenimiento barato, estás vendiendo
tu vida. Y Tristan lo vio desde dentro.
Las empresas tecnológicas no van a
proteger tu salud mental porque no es
rentable. Tú mismo tienes que
protegerla. Hoy Tristan es el cofundador
del Center for Human Technology. Es
copropietario del podcast Your Undivided
Attention. ha testificado ante el
Congreso múltiples veces sobre cómo los
algoritmos manipulan las decisiones y en
la revista Rolling Stone lo nombró una
de las 25 personas dando forma al mundo
y sigue sin redes sociales personales.
Insisto, solamente tienes un cerebro,
solamente tienes un cuerpo y aunque
suene dramático, tu objetivo número uno
en la vida debería ser proteger esas dos
cosas. Tu realidad depende de tu
cerebro, tus decisiones, tus emociones,
tu memoria, tu forma de pensar, tu
autocontrol, todo pasa por ahí.
Scrollear es una actividad donde tú no
estás participando en nada, estás
reaccionando sin parar y tu cerebro
tiene un montón de estímulo, pero no lo
procesa. Dime tres reels o tres shorts
que recuerdes del último atracón que te
diste con detalle. Dímelo. ¿Puedes?
Probablemente no. O sea, has estado
consumiendo contenido una hora, media
hora, lo que sea, pero no eres capaz de
saber qué ha pasado en ese tiempo, pues
literalmente es como si hubieras estado
dormido. En cambio, si te pregunto por
tres películas, tres capítulos de una
serie o tres vídeos largos, es más fácil
que puedas responderme. ¿Por qué? Porque
ahí sí hay tiempo de atención, hay
contexto, hay memoria. Asumir que tienes
un problema es el primer paso, pero
poner tu salud en el centro es la
decisión que determina si realmente vas
a cambiar algo o solamente vas a seguir
justificando tu adicción con excusas. La
pregunta es, ¿tú qué vas a elegir? Pues
tus actos tienen consecuencias y vas a
ver las consecuencias. vas a ser
consciente. En el siguiente capítulo,
un escritor acababa de sentarse con un
libro que llevaba meses queriendo leer.
Después de dos páginas, su cerebro petó.
Quería revisar mails, buscar en Google,
saltar a otras páginas. No podía
concentrarse. Y lo peor es que esa
habilidad, leer durante horas con
atención profunda, fue su superpoder
durante toda la vida. Pero algo cambió.
¿Qué le había ocurrido? Nicolas Car se
le considera una de los pensadores
estadounidenses más influyentes y
críticos respecto a la adopción de
nuevas tecnologías. Pues bien, nació en
1959. La tecnología todavía no existía
como la conocemos hoy. Creció rodeado de
libros. Sus tardes las pasaba leyendo.
Le flipaba. Esa inversión profunda en
los textos moldeó su cerebro durante
décadas. Escribir y leer eran su vida.
trabajó como editor ejecutivo en Harvard
Business Review y escribió para The
Atlantic Wall Street Journal y New York
Times. 2003 publicó un artículo que
generó una enorme controversia, It
doesn't matter. Pero el bombazo llegó en
2008 cuando publicó un ensayo que
cambiaría su vida. Is Google making us
stupid. Google nos está volviendo
estúpidos. Car descubrió que funcionamos
por adaptación. Practicas y te vuelves
mejor en eso que estás practicando, pero
también te vuelves peor en lo que no
estás practicando. Car empezó a
investigar en neurociencia y encontró
estudios demoledores. El cerebro es
plástico, significa que tu cerebro se
reconfigura constantemente basado en lo
que tú estás haciendo. Si practicas
estar 30 minutos concentrado en una
tarea, mejoras en eso. Si practicas
estar 60 minutos leyendo un libro,
mejoras en eso. Pero si practicas estar
60 minutos mirando una pantalla saltando
de estímulo en estímulo cada 3 segundos,
también te vuelves buenísimo en eso. En
2010 publicó The Shallows, What the
Internet is Doing to Our Brains, que
está haciendo internet a nuestros
cerebros. Este libro fue finalista del
Premio Pulitzer al año siguiente y un
bestseller mundial traducido a más de 25
idiomas y la tesis era devastadora.
Internet nos está haciendo más
superficiales en todo, intelectualmente
y físicamente, porque estamos
entrenándonos sin darnos cuenta a eso,
en ser superficiales. Con esto no quiero
decir que te quedes con que internet o
las redes sociales son malas, no es el
uso que tú le das. Básicamente las
consecuencias de tus actos que se
acumulan y no te das cuenta. Si
practicas mirar redes, te haces un crack
en aburrirte rápido, en necesitar
constantemente novedades y en cambiar de
foco sin control. Y lo que se atrofia es
tu capacidad de atención, ¿por qué no la
usas? ¿Cuáles son las consecuencias? El
no puedo estudiar más de 10 minutos. No
puedo trabajar sin el móvil. Me cuesta
leer. Me siento disperso todo el día, no
recuerdo lo que acabo de ver y lo peor
es que lo normalizas. Piensas que es que
tienes hiperactividad, que te falta
disciplina, que no tienes motivación. Y
esto lo leo porque me lo decís en los
comentarios, pero la realidad es que has
estado practicando durante años para que
te pase todo lo que te acabo de
mencionar. Mientras consumes ese
contenido, no estás presente, no
construyes nada, no descansas de verdad,
no aprendes. Y esto repetido todos los
días, día tras día, estás vendiendo tu
vida. Y encima hay otras personas en
otros despachos con moqueta ganando
millones a tu costa. Tu cerebro se
reconfigura con lo que practicas hoy, lo
que haces ahora. Yo estoy interviniendo
en esto ahora mismo. Esto es
neurociencia. La pregunta es, ¿qué vas a
practicar tú cuando acabes este vídeo? Y
por si fuera poco, hay más más allá de
las redes sociales. Hemos adoptado en
nuestra vida diaria algo que significará
la atrofia completa del cerebro y del
pensamiento crítico de muchísimas
personas. Creo que no te lo esperas,
pero te lo explico para que no caigas en
la trampa. Vamos con ello.
En noviembre de 2022, Ehan Molic,
profesor de emprendimiento e innovación
de la Universidad de Pennsylvania,
recibió acceso a una herramienta que
sabía que cambiaría su vida y la de sus
estudiantes. Se llamaba Chat GPT. y en
las primeras 48 horas de uso experimentó
lo que describió como tres noches sin
dormir. Era fascinación, ¿o no? Porque
había entendido inmediatamente que el
mundo acababa de cambiar. Ehen Molic fue
a Harvard, donde se graduó en 1997.
Después estuvo brevemente en consultoría
y después de eso confundó una startup de
videojuegos educativos llamada IMETA. la
vendió y en lugar de seguir emprendiendo
tomó un camino que había dejado ya en el
pasado. Volvió a estudiar. Estudió en el
MIT, un MBA, un máster en administración
de negocios y se doctoró en 2010. Pero
en noviembre de 2022 cambió todo. Chat
GPT se lanzó y Molic fue uno de los
primeros académicos en el mundo en darse
cuenta de lo que significaba.
Inmediatamente empezó a experimentar
primero solo, después con sus
estudiantes y en cuestión de semanas se
convirtió en uno de los expertos más
influyentes del planeta en cómo utilizar
la en educación y en el trabajo. Lanzó
una newsletter llamada One Useful Thing,
una cosa útil en Substack. Escribió un
libro superventas en Time Magazine. Lo
nombró una de las personas más
influyentes en inteligencia artificial y
Po and Quants lo nombró profesor MBA del
año. Estaba en la cresta de la ola y la
IA era su punta de lanza. Pero había una
trampa. Molic descubrió algo que casi
nadie cuenta. Usar la IA te puede
multiplicar, pero usarla mal puede
destruirte cognitivamente. En julio de
2024, en una presentación en el MIT
Slone School, Molic dijo algo que no
sentó demasiado bien a muchos. En cuanto
el modelo de IA es lo suficientemente
bueno, todos tienden a dormirse al
volante. Dejan de prestar atención a lo
que la IA puede y no puede hacer y no
verifican los resultados. Y la
investigación empezó a confirmar su
preocupación. Microsoft y Carnet Gimelon
publicaron un estudio el año pasado, en
2025. Encontraron que los trabajadores
que más confiaban en estas herramientas
de Generativa eran los menos propensos a
cuestionar su resultado. Con el tiempo
dejaban de evaluar, de analizar o de
corregir. Simplemente afectaban lo que
veían. Switch Business School publicó
algo parecido, otro estudio ese mismo
año. Reportaron una correlación negativa
entre la dependencia de la IA y
habilidades de pensamiento crítico.
Usuarios frecuentes admitían que cada
vez tenían una mayor dependencia mental.
Y lo peor, esta dependencia de IA está
pasando en paralelo a la adicción al
scroll infinito. Molic lo veía con
claridad. Estudiantes que scroleaban
TikTok durante horas y después usaban
chat GPT para escribir todos sus ensayos
sin pensar. El resultado era una mente
inútil, como Molly que escribió en una
newsletter, la IA no nos daña el
cerebro, pero no pensar sí puede dañar
nuestro pensamiento. Nuestro temor a que
la IA dañe nuestro cerebro es en
realidad un temor a nuestra propia
pereza. La tecnología ofrece una salida
fácil al arduo trabajo de pensar y
tememos caer en ella. Y con razón, pero
también debemos recordar que tenemos la
opción de elegir. Tu cerebro está a
salvo, sin embargo, tu forma de pensar
depende de ti. El problema no era la en
sí, el problema es el uso pasivo. Si tú
no practicas el pensamiento crítico, la
escritura, la síntesis, la toma de
decisiones, no mejoras en eso. Y si
encima tu atención está fatal por el
scroll, pues apaga y vámonos. Molic
documentó casos específicos, estudiantes
que le pedían a Chat GPT que les
explicara conceptos como si tuvieran 10
años y dejaban de levantar la mano en
clase. ¿Para qué exponerse? ¿Para qué
preguntar si después la I te lo puede
resolver? estudiantes que generaban
código completo sin entender una sola
línea, presentaciones enteras escritas
por IA sin una idea original del
estudiante. Así que queda claro que la
IA no es mala, es un avance muy potente,
es el uso pasivo el que nos afecta
negativamente, igual que no es la comida
el problema es comer comida basura todos
los días. Molic propone una solución, la
secuenciación. Siempre genera tus
propias ideas primero antes de usar la
IA. Escríbelas, no importa que sean
malas. Captura tu perspectiva única
antes de que las sugerencias de la te
anclen. Después, utiliza la para llevar
esas ideas mucho más lejos, pero no al
revés, nunca como reemplazo del
pensamiento. Porque si no practicas el
pensamiento crítico, se atrofia. Si no
practicas la escritura, se atrofia. Si
no practicas la síntesis de la
información, se atrofia. Y si encima
escroleas 300,000 horas al día, terminas
con una mente de un mosquito. Hoy Athan
Molic es codirector del laboratorio de
IA Generativa en Warton, participa en el
podcast Your andiv Attention junto con
Christian Harris. Sigue enseñando en
Warton, sigue experimentando con IA,
sigue escribiendo su newsletter semanal
con cientos de miles de lectores y sigue
advirtiendo lo mismo. La IA puede ser tu
compañera, pero si la usas para no
pensar nunca, terminarás sin capacidad
de pensar. Así que la pregunta es, ¿cómo
utilizas tú la IA? ¿La utilizas para
potenciar tu pensamiento o la utilizas
para reemplazarlo? Porque si lo combinas
con el scroll en redes, estás muerto.
Estás construyendo una mente que no
puede hacer nada por sí misma. Y eso no
es progreso. Bien, ahora ya has asumido
el problema, has priorizado tu salud, te
has responsabilizado de las
consecuencias de tus propios actos y ya
eres consciente de los peligros de la IA
malutilizada. Solamente falta una cosa,
la solución que necesitas. ¿Cómo dejas
el contenido vacío? ¿Cómo recuperas tu
vida? Te cuento.
Era 2009. En Cambridge, un programador y
escritor acababa de publicar un ensayo
de 100 palabras que cambiaría como
millones de personas entienden su
tiempo. Makers schedule, managers
schedule. Calendario de ejecutores,
calendario de managers. Ese hombre era
Paul Graham y el ensayo un documento de
alto rendimiento. Hasta ese momento,
Graham había construido cosas enormes
desde vía web, vendida a Yahoo por 49
millones hasta White Combinator, que ha
financiado más de 2,000 startupust
valoradas en más de 155,000 millones de
dólares. Pero, ¿qué decía en el ensayo?
Y lo mejor, ¿cómo puedes aplicarlo tú a
tu día a día? Graham se graduó en la
Universidad de Cornel en 1986. Después
cursó un máster y un doctorado en
ciencias de la computación en Harvard.
Durante ese tiempo también estudió algo
que te sorprenderá. Pintura en la
escuela de diseño de Rhode Island y en
la Academia de Bellas Artes en
Florencia. Y no era un hobby, era
disciplinado y serio con esta faceta
suya. En el 96 cofundó vía web con
Robert Morris, que fue el primer SAS del
mundo. Permitía a pequeños negocios
crear tiendas online. En 2 años Yahoo
les compró por 49,6 millones de dólares.
Lo renombraron Yahoo Store. Claro, aquí
lo interesante es cómo lo hizo para
lograrlo. Él sabía que hay dos tipos de
actividades en cualquier trabajo y según
esas actividades hay que activar un modo
de trabajo u otro. El modo gerente para
tomar decisiones, gestionar personas,
pensar estrategia, servir de guía,
reuniones de trabajo y el modo creador o
ejecutor, el tiempo en el que
desarrollas algo que antes no existía,
picar código, pintar un cuadro, escribir
un guion. Así que Grahan protegía sus
horas de programación como si fueran
sagradas, dejaba las reuniones al final
del día, respondía emails en bloques
específicos y hacía esto porque sabía
que una interrupción de media hora de
trabajo tipo manager mientras estaba en
modo creador no le costaba esos 30
minutos, le costaba el doble o más,
porque rompía un bloque de tiempo para
cambiar de contexto entre modo gerente y
creador y eso tiene un coste enorme que
nadie mide. En 2005 cofundó White
Combinator con Jessica Livingston,
Trevor Blackwell y Robert Morris. La
idea era brutal, financiar startups
ultremppranas, se enfocaban en la
calidad de los fundadores más que en los
planes de negocio y funcionó. Airbnb,
Dropbox, Stripe, Redit, Coinbase,
Twitch, todas salen de White Combinator.
Y aquí viene la pregunta del millón.
Como Graham gestionaba cientos de
startups sin destruir su propio tiempo
de maker, lo escribió en el ensayo del
inicio del capítulo. Varias veces a la
semana apartaba un bloque de tiempo para
reunirse con los fundadores. Estos
bloques estaban al final del día y es
por eso que nunca tenía una
interrupción. Es decir, combinaba los
bloques largos del modo creador con los
bloques de modo gerente y esa disciplina
era casi supervivencia de alto
rendimiento, porque la gente que
construye cosas grandes entiende que su
ventaja competitiva es su mente y no le
hipotecan por la gratificación
instantánea. Graham lo escribió en sus
ensayos una y otra vez. Beat the
averages, batiendo la media, how to do
great work, cómo hacer un gran trabajo.
O makers schedule, managers schedule. Y
lo que conectaba con todos estos ensayos
era un principio. Tu tiempo es limitado,
tu atención es limitada y si no proteges
esos recursos, el mundo te los quitará.
Y aquí está lo que aceptas cada vez que
haces scroll en redes. Cambias tu vida
por anestesia, cambias tu capacidad de
foco por la novedad constante. Ya ese
precio no compensa porque la gente que
gana, que lidera, que crea, que escala,
protege su espacio mental como si fuera
oro porque lo es. Y la solución es
recuperar tu mente poco a poco. Quita el
formato corto de tus primeras 2 horas
del día. Puedes bloquear aplicaciones
directamente por el móvil fuera cuando
trabajes o cuando estudies. Generalmente
el mejor momento para esto es la mañana
hasta el mediodía. Vuelve al contenido
largo, ya sea vídeo, audio o texto,
vuelve a leer libros, vuelve a crear
cosas que importen. Reconecta con tu
propósito, con tus hobbies, con el
deporte. Y lo más importante y que a mí
me ha servido personalmente, no tengas
tiempo ocioso. Ocupa todo tu día con
cosas que hacer. Al fin y al cabo, lo
que queremos es volver a entrenar la
capacidad de atención, el poder mantener
la atención durante horas si fuera
necesario. ¿Tú crees que Graham hizo vía
web o White Combinator en sesiones de 10
minutos mientras veía TikTok? Se
construyó protegiendo a capa y espada
cada tipo de trabajo, el de creador y el
de gestión. Actualmente, Paul Graham
vive en Inglaterra desde 2016, aunque
pasó 48 años en Estados Unidos. Sigue
escribiendo ensayos que reciben 15
millones de visitas anuales. Sigue
invirtiendo, sigue creando y sigue
protegiendo su tiempo de maker como si
fuera su activo más valioso, porque lo
es. No vendas tu mente por placer
barato. No aceptes así es la vida
moderna. Porque Grahan demostró durante
décadas que los que construyen grandes
cosas hacen exactamente lo opuesto.
Protegen su espacio mental con
ferocidad, estructuran sus días
alrededor de bloques largos, dicen no
interrupciones constantes y por eso
ganan. ¿Tú estás dispuesto a perder tu
vida? Porque pasarán los años y mirarás
atrás y te preguntarás qué estuviste
haciendo y la respuesta será, nada
relevante y a nadie le importó. Y si no
quieres pasar por la vida como un
cualquiera, pero te parece difícil de
conseguir, te dejo el último vídeo que
deberías ver antes de eliminar todo el
contenido vertical de tu vida. Aquí lo
puedes ver. Te explico cómo ser
constante y hacer cosas difíciles. Nos
vemos al otro lado. Un abrazo y hasta la
próxima.
pa